¿Cómo tener conversaciones incómodas?

¿Cómo tener conversaciones incómodas?

En una relación de dos, las conversaciones incómodas son parte del camino. 

Una relación no solo está hecha de disfrute y momentos felices. También está formada por los días que retan la paciencia y las situaciones que piden amor incluso cuando cuesta darlo.

Las relaciones crecen cuando podemos resolver los conflictos de forma amorosa, con paciencia para escuchar y con empatía para comprender el sentir del otro. Los momentos incómodos llegan porque somos humanos. Todos tenemos una historia con sus luces y sombras. Y hablar de ello es necesario si queremos construir algo real.

Cuando no se comunica, lo que necesitamos expresar no desaparece. Se queda adentro, como una piedra en el zapato que al principio molesta y con el tiempo hiere. Guardarlo deteriora a la persona que calla y desgasta la relación que intenta sostenerse sobre silencios.

El problema es que muchas veces no sabemos identificar y comunicar lo que sentimos. Incluso a veces no queremos incomodarnos o incomodar al otro, y preferimos callar para evitar el conflicto.

Pero lo “cómodo” no siempre es sano. El crecimiento no ocurre en la negación.

Una relación construida desde la confianza y la honestidad necesita espacio para la verdad, aunque a veces duela. Por eso es vital aprender dos habilidades: expresar y recibir. Ambas son igual de importantes.

Para expresar lo que sentimos:

  • Primero necesitamos identificar qué está pasando en nuestro interior.
  • Luego hablar desde la responsabilidad personal: decir cómo nos sentimos sin atacar, sin culpar, sin señalar.

Para recibir información que pueda incomodarnos:

  • Requiere un trabajo interno que nos permita no reaccionar desde la defensa. 
  • Escuchar, procesar y responder con empatía.
  • También implica recordar que cuando la otra persona expresa su sentir, no está haciendo que todo gire en torno a nosotros. Y por eso no se trata de volver la conversación algo nuestro.

Al final, tener conversaciones incómodas es un trabajo en equipo. Requiere madurez, paciencia y voluntad de mirar hacia adentro. Cuando ese trabajo interno no está, lo que suele activarse son las viejas heridas. Y desde ahí se reacciona, se defiende, se ataca y el diálogo se rompe. Evitar la incomodidad parece más fácil, pero en realidad es lo que hunde la relación. Las relaciones se sostienen en estas conversaciones difíciles y en la capacidad de ambas partes para navegar, sostener y salir fortalecidas del proceso.

Hablar incómodo es un acto de amor. Callar por miedo, un acto de abandono hacia uno mismo y hacia la relación. Lo que se quiere construir no se construye desde el silencio, sino desde la verdad dicha con amor y consciencia.

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