El propósito de trabajar con el niño interior

El propósito de trabajar con el niño interior.

Cuando hablamos del niño interior, no nos referimos a una fantasía ni a un concepto abstracto. En psicología, el niño interior es un símbolo que representa esa parte de nosotros que un día fue niña o niño real: con experiencias, emociones y necesidades.

Es esa parte que vivió tanto momentos de diversión como experiencias retadoras. A veces es pura inocencia, juego, curiosidad y asombro por la vida. Otras veces, es la huella del dolor que sentimos cuando nuestras necesidades más básicas de atención y amor no fueron satisfechas.

¿Qué necesita un niño para estar sano?

Un niño necesita sentirse visto, amado y seguro. Cuando no recibe esa atención y cuidado, suelen formarse heridas emocionales profundas:

  • Miedo al rechazo.
  • Miedo al abandono.
  • La sensación de no ser digno de amor.

Estas experiencias tempranas, aunque no siempre las recordemos de forma consciente, siguen vivas dentro de nosotros. Se filtran en la manera en que pensamos, sentimos, nos relacionamos y nos miramos a nosotros mismos.

El propósito de trabajar con el niño interior:

El trabajo con el niño interior no es para revivir el dolor, sino para resignificarlo. Es un camino para devolvernos aquello que nos faltó.

Cuando nos detenemos y escuchamos hacia adentro, abrimos espacio para que aparezcan emociones y recuerdos. Y ahí, en ese encuentro íntimo, podemos ofrecer a nuestra versión más pequeña lo que siempre necesitó:
atención, amor, validación, seguridad y la sensación de ser visto.

¿Por qué es fundamental este trabajo?

Porque mientras sigamos buscando afuera lo que nos faltó adentro, viviremos desde la carencia. Pero cuando nos damos permiso de sanar, dejamos de perseguir validación en el exterior y empezamos a vivir desde un lugar más auténtico.

Este proceso crea límites más claros, relaciones más sanas y una confianza más profunda, permitiéndonos tomar decisiones alineadas en el amor y en nuestro propósito, en lugar de reaccionar desde heridas pasadas.

Es el plano original sobre el que aprendemos a amar, confiar, poner límites y mirarnos con compasión.

Sin este trabajo, seguimos siendo adultos guiados por heridas de la infancia en vez de por elecciones conscientes. Con él, reclamamos nuestro poder, reescribimos nuestros patrones y finalmente podemos vivir en libertad.

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