Si siempre eres tú quien sostiene la relación.
Cuando sientes que eres la única que carga, empuja o mantiene viva la relación, hay dos aspectos fundamentales que mirar:
1. Primero, mírate a ti.
Antes de analizar al otro, es importante preguntarte:
- ¿Estás dejando espacio para que te sostengan?
- ¿Pides ayuda?
- ¿Te permites recibir?
- ¿Confías lo suficiente como para soltar un poco el control?
A veces crecemos creyendo que tenemos que ser las fuertes, las resolutivas, las que cargan. O simplemente nos cuesta tanto recibir que estamos siempre en modo dar dar y dar porque creemos que así evitamos el abandono, el conflicto y/ o el rechazo.
Y así, repetimos el mismo rol en nuestras relaciones.
Revisa las creencias que están operando en ti:
- “Si no lo hago yo, nadie lo hace.”
- “Mostrar necesidad es ser débil.”
- “Si suelto, la relación se cae.”
Todo eso influye directamente en la dinámica.
2. Y segundo, revisa si el compromiso del otro es real.
A veces la razón por la que tú sostienes todo… es porque eres la única realmente comprometida.
No es falta tuya.
No es que debas “hacer más”.
Es simplemente que el otro no está en la relación con la misma presencia, disposición emocional o responsabilidad afectiva.
Y eso también es importante verlo con honestidad.
Entonces, ¿qué hacer?
Primero, conectar contigo: entender qué dentro de ti permite o normaliza este tipo de dinámica.
Luego, desde esa claridad, puedes elegir:
- hablar,
- poner límites,
- redistribuir la carga,
- o incluso replantear la relación.
- Pero siempre desde la responsabilidad emocional, no desde la culpa.