¿estoy perseverando... o me estoy resistiendo a soltar?
La vida es misteriosa y tiene sus formas… Pero a veces no queremos confiar y creemos que todo está en nuestro control.
Esta semana me pasó algo a una escala mucho más pequeña de lo que quiero compartirles, pero que me dejó pensando mucho.
Hace dos días fui al hospital a solicitar un traslado al hospital donde quiero dar a luz a mi bebé. Me atendió una señora que, por X motivo, me dijo simplemente que no se podía.
Salí de ahí frustrada.
Sin embargo, algo dentro de mí me decía que volviera a intentarlo. Así que tomé la decisión de regresar otro día, esperar que hubiera otra persona atendiendo y probar una vez más.
Esta vez fue completamente diferente.
La señora que me atendió no puso ningún pero. Me ayudó a solucionar todo, organizó el papeleo y dejó listo mi traslado.
Así de simple.
Y caminando de regreso a casa me quedé pensando en una pregunta que creo que todos nos hemos hecho alguna vez:
¿En qué momento dejo de insistir?
¿En qué momento vuelvo a intentarlo una vez más?
¿Cuándo sigo?
¿Y cuándo paro?
Con mis pacientes muchas veces hablo de este concepto: en la vida hay dos «fuerzas mayores». Una es aquello que podemos llamar Dios, el universo o simplemente la vida. La otra es nuestro libre albedrío. Esa capacidad que tenemos de elegir, de tomar decisiones, de actuar cada día desde que nos levantamos de la cama. Una no está en mi control. La otra sí, al menos en gran medida (existen otros factores que influyen, como nuestro contenido inconsciente, pero no quiero desviarme por ahí).
Lo que he observado es que hay momentos en los que insistimos e insistimos y las cosas terminan dándose. Pero también hay momentos en los que insistimos hasta el cansancio y las cosas simplemente no avanzan. Y ahí es donde creo que está el verdadero reto. Aprender a movernos entre estas dos fuerzas.
Hacer todo lo que está en nuestras manos, movernos, actuar, intentar, tocar puertas, volver a empezar si hace falta. Pero al mismo tiempo desarrollar la capacidad de soltar cuando la vida parece estar mostrándonos que el camino no va por ahí.
Porque a veces confundimos perseverancia con resistencia.
Y no siempre son lo mismo. Hay ocasiones en las que seguir insistiendo es exactamente lo que necesitamos hacer.
Y otras en las que seguir insistiendo es simplemente nuestra forma de no aceptar lo que ya sabemos en el fondo.
Entonces la pregunta sigue siendo la misma:
¿Hasta cuándo insisto?
Y creo que esa es una pregunta que nadie puede responder por ti.
Para mí, la respuesta tiene mucho que ver con la intuición.
Si estás dándole y dándole y dándole a algo, pero en el fondo hay una voz que lleva tiempo diciéndote que por ahí no es, quizás haya llegado el momento de escucharla. De soltar. De dejar espacio para que algo diferente aparezca.
Pero si dentro de ti existe una certeza tranquila, no una obsesión, no miedo, no control, sino una certeza profunda de que ese es el camino, entonces quédate. Sigue. Insiste una vez más.
Al final, la vida es un camino por descubrir. Y cada vez estoy más convencida de que no se trata tanto de llegar a una meta específica, sino de en quién nos convertimos mientras avanzamos hacia ella. Se trata de explorar. De conocernos cada vez más a través de cada experiencia. De sacar herramientas que ni siquiera sabíamos que teníamos. Y de descubrir capacidades que jamás hubiéramos imaginado en nosotros mismos.
Por eso, si hoy estás frente a algo que no sabes si seguir intentando o soltar, quizás la respuesta no esté en pensar más.
Quizás esté en escucharte más.
Porque, como dice Rumi:
«Tu corazón conoce el camino.»